Hoy ha sido un día muy triste: tuvimos que tomar la decisión de ayudar a Job a marchar
.
Job ha estado muy poco tiempo viviendo en el Santuario. Llegó en marzo desde Andalucía, junto con cinco cabras que eran su familia. Donde estaba, ya no podían seguir cuidándolo y nos pidieron ayuda para acogerlos a todos.
Al poco tiempo de estar aquí, vimos que Job no estaba bien. Pensábamos que era porque comenzaba el calor y él tenía un problema de alergia a la picadura de las moscas, pero cuando lo llevamos al hospital veterinario vimos que no era así: Job tenía un fallo renal bastante avanzado. Estuvo varios días ingresado, con tratamiento, pero no mejoró; sus riñones ya no funcionaban.
Nos aconsejaron que lo mejor era ayudarle, pero decidimos traerlo de nuevo al Santuario y esperar un poco. Ese “poco” se convirtió en casi cuatro meses más. Cuatro meses en los que lo dimos todo por él, cuidándolo y mimándolo como a ninguno. Hemos visto cómo, poco a poco, mejoraba; incluso sus valores renales habían bajado. Pero desde hace una semana había vuelto a recaer y, en los últimos días, había que ayudarlo a levantarse. Hasta hoy, que ya no se mantenía en pie, ni siquiera con ayuda del tractor.
Por eso tomamos la decisión de no alargarlo más y ayudarlo para que no sufriera innecesariamente.
Se ha ido rodeado de todas, acariciado y susurrándole palabras de amor.
Era joven y tenía toda la vida por delante en un lugar donde solo conocería la felicidad. Pero, a veces, el destino es así… como si nuestra función fuera ayudarlos a partir.
Descansa en paz, querido Job. Nunca podremos olvidar esa mirada tan tierna que tenías, que nos llegaba al corazón. Y en nuestros corazones seguirás vivo por siempre.


