Hace unas semanas os hablábamos del estado de salud de Gerard porque había perdido mucha movilidad y, finalmente, su cuerpecito no aguantó más.
Para quienes no conozcáis su historia, Gerard llegó a Santuario siendo un corderito. No podía caminar porque se le había roto el craneo por la patada de un burro. Su situación era muy complicada, pero Gerard era un pequeño luchador lleno de vida y, con cuidados, paciencia y, sobre todo, con sus enormes ganas de vivir, salió adelante.
Tanto era así que no quería quedarse en las zonas adaptadas para habitantes con baja movilidad. Él quería estar en el prado junto al resto de ovejas, y así vivió durante todos estos años, disfrutando de la libertad y la compañía de su familia.
Los últimos días sentía dolor y ya no quería comer así que tuvimos que ayudarle a marchar en paz.
Hoy sentimos una profunda tristeza, pero también estamos agradecidos por haber compartido parte del camino con él. Ha sido un regalo y un ejemplo.
Gerard nos enseñó que cada vida importa, que detrás de cada rescate hay un ser único y maravilloso y que el amor puede transformar incluso las historias más duras.
Corre libre, Gerard. Ya no hay dolor, ya no hay límites para tus pasos en el camino.
Te querremos hasta el infinito 💚🙏🏼
